5 frases que jamás debes decir en el trabajo

Hay frases que uno nunca debe mencionar en el trabajo y menos frente a personas superiores. No hay excusas para no hacer ciertas cosas, así sea justo o no siempre hay un porque atrás:

–“Ha ocurrido un problema”. Es posible que se den situaciones complicadas en el trabajo, pero nunca debemos ir donde otra persona o nuestro superior, esperando que solucione el problema que tenemos, ya que eso es una actitud un tanto egoísta. Siempre que encontremos un inconveniente o un problema en nuestro trabajo, debemos de esforzarnos y buscar soluciones para así, comunicarle el problema a la persona que corresponda y demostrarle que somos buenos profesionales y con gran capacidad analítica para encontrar soluciones a esto. Además, muchas veces nadie conoce más el problema que el que lo detecta, lo cual, también se reflejará en un ahorro de tiempo.

–“No me pagan por hacer esto”. Aunque dibujar las fronteras de manera clara es imprescindible en caso de que sientas que tu superior se está extralimitando contigo y tus funciones, utilizar la soberbia para solucionar la situación nunca es buena idea. En parte, porque la mayor parte de ocasiones no es tu jefe inmediato el que tiene la culpa de las funciones que desempeña cada trabajador, pero sí el que debe afrontar la responsabilidad de un trabajo fracasado o retrasado. Y en parte, porque puede ser que efectivamente sí te paguen por hacer eso que no quieres hacer.

–“Es imposible”. Si se te exige llevar a cabo una determinada labor, por difícil que pueda parecer, es preferible que sea la dura realidad y los plazos los que se impongan en la situación a que sea la incompetencia, o directamente, las pocas ganas de afrontar los retos del trabajador las que lo haga. Advertir antes de ponerse en marcha que algo no se puede hacer es una forma de decir que ni siquiera lo vas a intentar, o peor aún, que careces de las competencias necesarias para hacer tu trabajo. Y si es así, ¿para qué debería confiar la empresa en ti en el futuro?

–“Tenía un mal día”. Las excusas para justificar una mala decisión o una equivocación, por injusto que pueda parecer, no interesa a nadie, aunque sean de peso y tengas una buena razón para esgrimirlas. Una de las características del empleado perfecto es conseguir que las circunstancias no influyan en tu rendimiento a diario, por lo que echar la culpa a los factores externos es una manera de señalar nuestra propia falta de control y asunción de responsabilidades. ¿La solución? Propón alternativas, busca soluciones y afronta las consecuencias. No, con decir “lo siento, no volverá a ocurrir” no es suficiente.

–“Estoy ocupado, pídeselo a otra persona”. Si se ha de realizar determinada tarea y eres el elegido, alguna buena razón debe haber detrás de determinada decisión. Y si no es así, lo máximo que puedes hacer es señalar, con la máxima corrección posible, que tienes tareas urgentes que llevar a cabo y que si quieres que se realice rápido quizá sea mejor liberarte de alguno de los dos trabajos. En definitiva, plantear de manera realista tu agenda y tus exigencias. Además, ser una persona multitarea, por fatigoso que pueda resultar, ya no es una virtud, sino una obligación.

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